
El 25° Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente cerró una nueva edición con reconocimientos para películas nacionales e internacionales. Durante diez días, Buenos Aires volvió a convertirse en una gran pantalla para el cine independiente. La 25° edición del Bafici reunió producciones de distintos países y propuestas de diversos géneros, pero tuvo una particularidad que atravesó buena parte de sus actividades: la preocupación por el presente y el futuro del cine argentino.
En presentaciones, charlas y encuentros, directores, actores y productores hicieron referencia a las dificultades que atraviesa actualmente la actividad cinematográfica nacional. Las opiniones fueron diversas, desde expresiones de preocupación hasta llamados a sostener la producción y reclamos vinculados con las políticas implementadas en el sector audiovisual.
Uno de los temas que apareció con mayor frecuencia fue la situación del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) y el impacto de las modificaciones en su funcionamiento. El debate acompañó buena parte de las jornadas del festival, aunque no impidió que las salas porteñas volvieran a ser escenario de una celebración del cine.
Dos películas compartieron el principal reconocimiento
La Competencia Internacional tuvo una particularidad en su máximo galardón. El Gran Premio del Jurado fue compartido por dos películas muy diferentes entre sí: El placer es mío, del brasileño Sacha Amaral, y A paixão segundo GH, dirigida por su compatriota Luiz Fernando Carvalho.
El placer es mío, una producción mayoritariamente argentina, sigue los conflictos personales de un joven que intenta desenvolverse entre sus vínculos afectivos, familiares y amistosos. La película combina una mirada realista con momentos de sensibilidad y una estructura dramática centrada en las relaciones de su protagonista.
A paixão segundo GH, en cambio, propone una experiencia cinematográfica mucho más cercana a la exploración visual. Inspirada en la novela de Clarice Lispector, la película sigue el recorrido interior de una mujer de la alta sociedad a partir de una experiencia que modifica su percepción del mundo. La actuación de Maria Fernanda Cândido fue reconocida además con el premio a Mejor Actuación.
El premio a Mejor Largometraje fue para Riddle of Fire, del estadounidense Weston Razooli, una aventura protagonizada por tres chicos que se embarcan en una particular búsqueda.
La distinción a Mejor Dirección correspondió a la realizadora ucraniano-canadiense Oksana Karpovych por Intercepted, documental construido a partir de registros relacionados con los primeros meses de la invasión rusa a Ucrania.
El Premio Especial del Jurado fue para L’Homme d’argile, de la francesa Anaïs Tellene, protagonizada por Emmanuelle Devos.
En la competencia de cortometrajes, el principal reconocimiento quedó en manos de The Ghosts You Draw on My Back, del realizador serbio Nikola Stojanović.
El cine argentino tuvo su propia celebración
La Competencia Argentina tuvo como gran protagonista a Vrutos, de Miguel Bou. La película obtuvo tanto el Gran Premio de la sección como el reconocimiento a Mejor Dirección.
La historia se desarrolla en Lugano I y II y se concentra en la relación entre un padre y su hijo. Ambos transitan realidades diferentes frente a la marginalidad, la falta de oportunidades y la violencia, mientras sus caminos parecen tomar direcciones opuestas.
El padre intenta alejarse del mundo del delito que marcó su juventud y busca construir una vida diferente a través del estudio. El hijo, en cambio, comienza a acercarse a ese mismo universo, atraído por la posibilidad de encontrar en él una salida rápida a sus dificultades.
Con una estética cercana al cine de género y elementos propios del drama social, Vrutos utiliza los espacios urbanos de Lugano como parte fundamental de la narración. La cámara en mano y la fotografía en blanco y negro acentúan la tensión y construyen una atmósfera áspera, en sintonía con el universo de sus personajes.
El documental también tuvo su lugar
Otro de los reconocimientos destacados de la Competencia Argentina fue para El cambio de guardia, de Martín Farina, distinguida como Mejor Largometraje.
El documental recupera la historia de un grupo de hombres cuya amistad se originó durante el servicio militar en la década de 1970 y observa cómo ese vínculo se enfrenta a las diferencias generadas por el contexto político actual.
El reconocimiento también puso en primer plano la presencia del documental dentro del cine argentino. La competencia incluyó otras propuestas del género y trabajos que exploran las fronteras entre documental y ficción.
Entre las producciones reconocidas estuvieron Dejar Romero, de Alejandro Fernández Mouján y Hernán Khourian, e Imprenteros, de Lorena Vega y Gonzalo Javier Zapico. También recibió una mención Barcos y catedrales, de Nicolás Aráoz, una película que combina recursos de la ficción con una marcada mirada documental.
Más premios para el cine nacional
La lista de reconocimientos argentinos se completó con el premio a Mejor Actuación, compartido por Javier Orán y Lautaro Bettoni, protagonistas de Los amantes astronautas, la comedia romántica dirigida por Marco Berger.
En el apartado de cortometrajes, Cuando todo arde, de María Belén Poncio, recibió el premio a Mejor Cortometraje, mientras que La bolsita de agua caliente, de Yuliana Brutti, obtuvo el Premio Especial del Jurado.
Con estos reconocimientos, el Bafici cerró una edición que combinó descubrimientos cinematográficos, producciones nacionales e internacionales y una fuerte discusión sobre el presente de la actividad audiovisual argentina.
Más allá de los premios, el festival volvió a demostrar que Buenos Aires conserva un lugar privilegiado dentro del circuito del cine independiente: durante diez días, sus salas, espacios culturales y barrios se transformaron nuevamente en puntos de encuentro entre realizadores, películas y espectadores.





