Av. de Mayo 825

Abierto todos los días, de 08 a 21 horas

Hablar del Café Tortoni es hablar de una parte esencial de la historia de Buenos Aires. Fundado en 1858, es el café más antiguo de la ciudad y uno de los símbolos de su vida cultural. Sus mesas de mármol, vitrales, boiserie y salones de estilo europeo conservan el espíritu de una época en la que escritores, artistas, músicos e intelectuales encontraban allí un lugar para debatir, crear y compartir ideas.

El Tortoni abrió originalmente en la esquina de Esmeralda y Rivadavia. A comienzos de la década de 1880 se trasladó a su ubicación actual y, el 26 de octubre de 1894, pocos meses después de inaugurarse la Avenida de Mayo, abrió su emblemática entrada sobre esta histórica arteria, convirtiéndose en uno de sus primeros grandes protagonistas.

Un rincón con esencia francesa

Su fundador fue el inmigrante francés Jean Touan, quien decidió bautizar el café en homenaje al célebre Café Tortoni de París, ubicado sobre el Boulevard des Italiens.

Años más tarde, el establecimiento quedó en manos de Celestino Curutchet, un vasco francés casado con la hijastra de Touan. Bajo su dirección, el Tortoni adquirió gran parte de la identidad que hoy lo distingue. Fue quien trasladó el local a la Avenida de Mayo y tuvo una idea innovadora para la época: colocar mesas y sillas en la vereda, una costumbre que luego se convertiría en una marca registrada de los cafés porteños.

En 1898, el arquitecto Alejandro Christophersen diseñó la elegante fachada que aún distingue al edificio y que terminó de consolidar su carácter arquitectónico.

Un refugio para artistas e intelectuales

A lo largo de más de un siglo y medio, el Tortoni fue escenario de encuentros memorables y recibió a algunas de las figuras más importantes de la cultura nacional e internacional.

Por sus mesas pasaron escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Federico García Lorca y Luigi Pirandello; músicos de renombre como Arthur Rubinstein y por supuesto, Carlos Gardel, uno de sus habitués más ilustres.

Lejos de ser solo un café, el Tortoni se convirtió en un verdadero centro de la vida bohemia porteña, donde convivían la literatura, la música, el arte y las largas conversaciones.

Tradición que sigue vigente

Más de 165 años después de su inauguración, el Café Tortoni continúa siendo uno de los espacios culturales más emblemáticos de Buenos Aires. En el subsuelo se realizan espectáculos de tango y jazz, mientras que en su entorno funcionan instituciones dedicadas al patrimonio tanguero, como la Academia Nacional del Tango, el Museo Mundial del Tango y el Museo del Mate.

Además de su valor histórico, el Tortoni mantiene una propuesta gastronómica clásica. Entre las especialidades más elegidas se destacan el tradicional chocolate caliente con churros, las abundantes picadas y la sidra tirada, una de sus bebidas más características.

Una curiosidad

Cuenta el poeta Enrique Cadícamo que Carlos Gardel tenía una mesa reservada, ubicada junto a una ventana sobre el lado derecho del salón principal, ingresando por la calle Rivadavia. Era un rincón elegido para disfrutar del café con cierta tranquilidad, lejos de la constante atención de sus admiradores.

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