Av. Corrientes y 9 de Julio

Hay monumentos que identifican a una ciudad y otros que llegan a representar a todo un país. El Obelisco pertenece a esa categoría. Erigido en el corazón de Buenos Aires, en la intersección de las avenidas Corrientes y 9 de Julio, es el emblema indiscutido de la capital argentina y el escenario donde los porteños celebran sus mayores alegrías, se reúnen para manifestarse y reciben a millones de visitantes cada año.

Fue inaugurado el 23 de mayo de 1936 para conmemorar el cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. Su diseño pertenece al arquitecto Alberto Prebisch, una de las figuras más importantes del movimiento moderno argentino y autor también del cercano Teatro Gran Rex.

El monumento se levanta sobre la Plaza de la República, exactamente en el sitio donde estuvo la antigua iglesia de San Nicolás de Bari. En ese templo, en 1812, se izó por primera vez la bandera argentina en la ciudad, hecho histórico que hoy recuerda una de las inscripciones ubicadas en el Obelisco.

Con sus 67,5 metros de altura, domina una de las postales más reconocidas de Buenos Aires. Su silueta acompaña el intenso movimiento de la avenida 9 de Julio, considerada una de las más anchas del mundo, y de la avenida Corrientes, célebre por sus teatros, librerías, cafés y vida nocturna. Desde su inauguración, el Obelisco se convirtió en el punto de encuentro por excelencia para celebraciones deportivas, festividades populares y acontecimientos históricos.

Pocos saben que esta obra monumental fue construida en un tiempo récord. Participaron 157 obreros que completaron la estructura en apenas 31 días, una proeza de ingeniería para la época. Sin embargo, el monumento no fue bien recibido por todos. Apenas tres años después de su inauguración, el Concejo Deliberante aprobó su demolición por considerarlo antiestético y poco seguro. La medida fue vetada por el entonces intendente Arturo Goyeneche y, gracias a esa decisión, el Obelisco permaneció en pie hasta convertirse en el símbolo más querido de la ciudad.

En su interior existe una única puerta de acceso, ubicada sobre la avenida Corrientes. Durante décadas, el ascenso hasta la cima estuvo reservado únicamente para tareas de mantenimiento. Sin embargo, desde 2025 el monumento abrió sus puertas al público con la inauguración del Mirador Obelisco, una experiencia que permite descubrir Buenos Aires desde una perspectiva completamente diferente.

El recorrido comienza en un moderno ascensor vidriado que asciende gran parte del trayecto. Los últimos metros se realizan por una escalera hasta llegar a la cúspide, donde cuatro pequeñas ventanas orientadas hacia los puntos cardinales ofrecen una vista privilegiada de la ciudad. Desde allí pueden apreciarse la inmensidad de la avenida 9 de Julio, el perfil del centro porteño y algunos de los edificios más representativos de Buenos Aires.

Más que un monumento, el Obelisco es el gran escenario urbano de la ciudad. A su alrededor transcurren celebraciones, recitales, maratones, manifestaciones y encuentros que forman parte de la vida cotidiana de los porteños. Su imagen aparece en fotografías, películas, postales y transmisiones televisivas que recorren el mundo, consolidándolo como uno de los íconos más reconocibles de América Latina.

Visitar Buenos Aires es, inevitablemente, pasar por el Obelisco. Ya sea de día, iluminado por el movimiento constante del centro, o de noche, cuando las luces de la avenida Corrientes transforman el paisaje, este monumento sigue siendo el punto donde la historia, la arquitectura y la identidad porteña se encuentran.

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