
En marzo de 1925, Buenos Aires recibió a una de las figuras más importantes de la ciencia del siglo XX. Albert Einstein llegó a la Argentina invitado por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y permaneció en la Ciudad durante marzo y abril, en una visita que despertó un enorme interés entre científicos, académicos y público en general. Durante su estadía ofreció varias conferencias dedicadas a su revolucionaria teoría de la relatividad y mantuvo encuentros con distintas instituciones del país.
Durante aquellos días, Einstein se alojó en la casa de su compatriota Bruno Wassermann, ubicada en Villanueva al 1400, en el barrio de Belgrano. La imponente casona, que actualmente es sede de la Embajada de Australia, fue entonces el lugar donde el físico encontró un ámbito familiar para descansar, conversar y compartir largas charlas en alemán.
“Wassermann” era un empresario dedicado a la industria del papel y, al igual que Einstein, de origen judío alemán. La relación entre ambos permitió que el científico tuviera durante su paso por Buenos Aires un espacio de intimidad en medio de una agenda cargada de actividades, homenajes y encuentros.
Una agenda marcada por la ciencia
La llegada de Einstein fue recibida con honores por la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Sus conferencias se desarrollaron en escenarios de gran relevancia para la vida cultural y académica porteña, entre ellos el Salón de Actos del Colegio Nacional Buenos Aires, la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, el hotel Savoy y la Sociedad Hebraica.
Más allá de sus exposiciones sobre física, Einstein se mostró dispuesto al intercambio y al diálogo. Su visita no quedó limitada a Buenos Aires: también viajó a las Universidades Nacionales de Córdoba y La Plata y recorrió parte del país en tren.
El viaje ferroviario le permitió entrar en contacto con distintas comunidades. En varias estaciones, integrantes de colonias judías se acercaron para recibirlo y agasajarlo, convirtiendo su recorrido por la Argentina en un acontecimiento que trascendió los ámbitos estrictamente científicos.
De Buenos Aires al exilio
Cuando regresó a Alemania, Einstein se encontró con una Europa cada vez más atravesada por el crecimiento de las fuerzas de extrema derecha. La llegada de Adolf Hitler al poder profundizó ese escenario y llevó al científico a abandonar definitivamente su país.
Einstein se exilió en Estados Unidos, donde continuó con sus investigaciones. En 1939, ante la posibilidad de que la Alemania nazi desarrollara armas atómicas, decidió escribirle al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt. En aquella carta advirtió sobre la posibilidad de producir una reacción nuclear en cadena utilizando uranio y señaló que ese conocimiento podía conducir a la construcción de una bomba.
Una placa para recuperar aquella historia
Cien años después de aquella visita, la Ciudad decidió recuperar la memoria de ese episodio con la instalación de una placa conmemorativa en Villanueva al 1400, frente a la casona que actualmente ocupa la Embajada de Australia.
El homenaje busca recordar no solamente el paso de Einstein por Buenos Aires, sino también una etapa de su vida marcada por el intercambio académico, los viajes y el encuentro con distintas comunidades.





