Escritores, editores, lectores y la hija del autor se reunieron en Clásica y Moderna para recordar su vida, reivindicar su literatura y reflexionar sobre la ausencia que dejó su desaparición durante la última dictadura.

A cien años del nacimiento de Haroldo Conti, escritores, editores, libreros, periodistas, influencers y lectores se reunieron para recuperar su voz, recordar al hombre detrás de los libros y volver sobre una obra que, lejos de quedar detenida en el tiempo, continúa provocando lecturas y nuevas preguntas.

Conti nació el 25 de mayo de 1925 y fue secuestrado y desaparecido durante la última dictadura militar, en mayo de 1976. Tenía 50 años. Su ausencia atravesó el encuentro, pero no fue el único eje de la celebración: las palabras de quienes lo conocieron, estudiaron o volvieron a sus libros permitieron poner nuevamente en primer plano al escritor de Mascaró, el cazador americano, Sudeste, Alrededor de la jaula y tantos otros textos.

Entre los asistentes estuvo su hija, Alejandra Conti, quien compartió recuerdos de la intimidad familiar y de aquella vida vinculada al río y a la naturaleza en la casa que la familia tenía en el Tigre desde 1955.

Uno de los momentos centrales de la jornada fue la intervención del escritor Guillermo Martínez, quien leyó la contratapa que escribió para Cuentos completos de Conti. Allí planteó la necesidad de recuperar la complejidad de su literatura más allá de la imagen del escritor desaparecido.

Enzo Maqueira habló de ese vínculo afectivo que algunos autores logran construir con sus lectores. “Hay escritores y escritoras que uno quiere, más allá de que los admires, que los disfrutes”, sostuvo. Y reflexionó sobre toda una generación de autores que deberían haber continuado escribiendo y compartiendo sus obras, pero cuya presencia fue interrumpida por la violencia política de aquellos años.

La memoria del escritor también llevó inevitablemente a recordar los esfuerzos realizados para conocer su paradero y reclamar por su vida durante los primeros meses de la dictadura.

Otro episodio mencionado durante el homenaje fue el protagonizado por el sacerdote y escritor Leonardo Castellani, a quien se atribuye una frase que quedó asociada a la búsqueda de Conti: “Yo no pedí por un comunista, pedí por un alma”.

Alejandra Conti recordó también las gestiones que realizó para conseguir apoyo y visibilizar la desaparición de su padre. Entre ellas mencionó una conversación telefónica con Borges, quien le manifestó su respeto por la obra de Conti, aunque marcó sus diferencias ideológicas.

También contó que organizó una conferencia de prensa junto con Ernesto Sabato y que recibió el respaldo de María Elena Walsh, en un contexto en el que reclamar públicamente por un escritor desaparecido implicaba enfrentarse al silencio y al miedo impuestos por la dictadura.

El homenaje no buscó solamente reconstruir el pasado. La reunión en Clásica y Moderna funcionó también como una oportunidad para preguntarse qué lugar ocupa hoy Conti en la literatura argentina.

La respuesta apareció en las propias lecturas, en los recuerdos y en la necesidad de volver a sus textos. Su literatura, marcada por los paisajes, los personajes marginales, los oficios, los viajes, el río y la relación entre el ser humano y la naturaleza, continúa encontrando lectores.

El encuentro terminó con la lectura de uno de sus cuentos, a cargo de Mercedes Güiraldes. Fue el cierre de una jornada atravesada por la memoria, pero también por la certeza de que un escritor puede seguir presente mucho después de que su vida haya sido interrumpida.

Guillermo Martínez recuperó para el cierre una imagen especialmente significativa. Recordó que Conti había elegido como epígrafe de uno de sus cuentos más conocidos, La balada del álamo Carolina, unos versos que parecen adquirir una dimensión premonitoria frente a su destino: “Ciruelo de mi puerta si no volviese yo / la primavera siempre volverá”.

La literatura de Haroldo Conti continúa floreciendo cada vez que alguien abre uno de sus libros y vuelve a leerlo.

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