Con 67,5 metros de altura, el monumento más emblemático de Buenos Aires fue construido en 1936 y ahora incorpora una experiencia que permite llegar hasta sus cuatro ventanas superiores para contemplar la Ciudad desde las alturas.

El Obelisco es mucho más que uno de los símbolos más reconocibles de Buenos Aires. Desde su inauguración en 1936, su silueta se convirtió en parte inseparable del paisaje porteño y en escenario de celebraciones, manifestaciones y acontecimientos que marcaron la historia de la Ciudad.

La obra fue diseñada por el arquitecto argentino Alberto Prebisch y construida por el consorcio alemán GEOPÉ-Siemens Bauunion-Grün & Bilfinger, con motivo del cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires, realizada por Pedro de Mendoza.

El monumento alcanza los 67,5 metros de altura. Su estructura parte de una base de 7 por 7 metros y se eleva durante 63 metros hasta el comienzo del ápice, de 3,50 por 3,50 metros, que culmina en una punta de estilo Roma de aproximadamente 40 centímetros.

El Obelisco cuenta con una única puerta de acceso y, en su parte superior, cuatro ventanas que permiten observar la Ciudad desde uno de sus puntos más elevados. Para llegar hasta ellas es necesario combinar el ascenso en ascensor con un tramo final de escalera caracol.

El espacio que actualmente ocupa el Obelisco tuvo antes otro protagonista: la iglesia de San Nicolás de Bari, demolida para avanzar con la construcción de la avenida 9 de Julio.

En la torre del templo fue izada oficialmente por primera vez en Buenos Aires, en 1812, la bandera argentina. Ese acontecimiento quedó registrado en una de las inscripciones ubicadas en el lado norte del monumento

De símbolo porteño a experiencia turística

Para hacer posible el acceso, el Gobierno de la Ciudad construyó un ascensor con capacidad para cuatro personas, que permite alcanzar los 55 metros de altura.

Desde allí, apenas 35 escalones separan a los visitantes de la sala donde se encuentran las cuatro ventanas ubicadas en la parte superior del monumento.

La propuesta fue inaugurada en abril y permite reservar un cupo para realizar la visita. El recorrido ofrece una perspectiva poco habitual y una oportunidad para observar Buenos Aires desde un lugar que durante décadas permaneció fuera del alcance del público.

El mirador, bajo una nueva concesión

La explotación turística del Obelisco quedó vinculada a un proceso de concesión impulsado por el Gobierno de la Ciudad. La convocatoria contempló el uso y explotación de carácter oneroso durante cinco años y fue adjudicada a una empresa de Mendoza.

De acuerdo con la información difundida sobre el proceso, el concesionario podrá cobrar una entrada para acceder al monumento y al mirador. El valor podría alcanzar los $20.000, mientras que el Gobierno porteño recibiría un canon mensual que, según lo publicado por La Nación, rondaría los $26,1 millones.

La convocatoria había comenzado en mayo, cuando el Banco Ciudad realizó la tasación y estableció un canon base de $14,5 millones.

La concesión contempla además el Centro de Monitoreo Urbano (CMU), ubicado sobre Diagonal Norte, entre Libertad y Cerrito, en el barrio de San Nicolás.

Una nueva mirada sobre Buenos Aires

Entre las obligaciones previstas para el concesionario se encuentra el reacondicionamiento del inmueble, la puesta en valor del mirador y la adecuación del CMU como base operativa. También deberá incorporar el equipamiento técnico, mobiliario y maquinaria necesarios para el funcionamiento del espacio.

La iniciativa busca sumar una nueva experiencia al circuito turístico porteño y, al mismo tiempo, recuperar el valor del Obelisco como patrimonio urbano.

Una panorámica para ver avenidas y edificios de la Ciudad desde un punto privilegiado, siendo uno de los paisajes urbanos más característicos del país

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