Diecisiete bibliotecas públicas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fueron acondicionadas para funcionar como coworkings. Con internet gratuito, mobiliario moderno y un entorno cultural, buscan atraer a vecinos que trabajan de manera remota o híbrida y al mismo tiempo revitalizar el rol de estos espacios en la comunidad.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un cambio silencioso pero significativo viene transformando la manera en que los vecinos utilizan las bibliotecas públicas. Diecisiete sedes distribuidas en distintos barrios fueron renovadas y hoy funcionan como coworkings, con el objetivo de adaptarse a las nuevas formas de trabajo que se consolidaron tras la pandemia.

La iniciativa forma parte de un plan de la Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad, dependiente de la Dirección General de Promoción del Libro, las Bibliotecas y la Cultura, que decidió apostar por una reconversión de estos espacios históricos. En este sentido, se incorporaron mejoras en infraestructura, conectividad y equipamiento, lo que les permite ofrecer entornos confortables para el trabajo remoto, el estudio o la creación de proyectos colaborativos.

Asimismo, el cambio busca responder a una necesidad creciente: miles de trabajadores independientes, emprendedores y empleados en relación de dependencia bajo modalidad híbrida requieren lugares cercanos a sus hogares para desempeñar sus tareas sin tener que desplazarse hasta oficinas o cafés. En esa línea, las bibliotecas se convirtieron en una opción atractiva y, al mismo tiempo, en un punto de encuentro social.

La tendencia del coworking, en franco crecimiento a nivel mundial, se caracteriza por reunir en un mismo ámbito a profesionales de diferentes disciplinas, generando un clima propicio para la productividad, el intercambio de experiencias y la conformación de nuevas redes. A su vez, estos espacios cumplen un rol social, ya que se transforman en sitios donde los vecinos pueden reconectar luego de años de aislamiento.

Por otra parte, la modernización de las bibliotecas incluyó la instalación de sistemas de climatización, mobiliario ergonómico y de diseño, además de un acceso libre a redes de wi-fi de alta velocidad. Todo esto, acompañado por un entorno cultural que refuerza la misión original de estas instituciones: garantizar el acceso gratuito al conocimiento y a la lectura.

En tanto, lejos de perder protagonismo como centros culturales, las bibliotecas porteñas amplían su alcance. Ahora no sólo invitan a leer un libro o participar de actividades literarias, sino que también ofrecen un espacio seguro y equipado para trabajar cerca de casa. Con esta transformación, la Red se fortalece como un servicio inclusivo, pensado para la vida cotidiana de los vecinos de diferentes comunas.

Los nuevos coworkings se encuentran distribuidos en puntos estratégicos de la Ciudad, de modo que cada porteño tenga acceso a una sede próxima. Desde Chacarita y Boedo hasta Flores, Belgrano, Liniers o Mataderos, los espacios abarcan el mapa porteño y buscan integrar la dinámica barrial con la innovación laboral.

Las sedes habilitadas son: Baldomero Fernández Moreno (Chacarita), Miguel Cané (Boedo), Evaristo Carriego (Palermo), Casa de la Lectura y la Escritura (Villa Crespo), Martín del Barco Centenera (Monserrat), Estanislao Del Campo (Parque Chacabuco), Antonio Devoto (Villa Devoto), Manuel Gálvez (San Nicolás), Joaquín V. González (La Boca), Guido y Spano (Palermo), Ricardo Güiraldes (Recoleta), José Hernández (Liniers), Leopoldo Lugones (Belgrano), Benito Lynch (Mataderos), José Mármol (Belgrano), Parque de la Estación (Balvanera) y Javier Villafañe (Flores).

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