
Av. Alvear 1345
El actual Palacio del Jockey Club, ubicado en la avenida Alvear 1345, está ligado a la historia de una de las instituciones sociales y deportivas más tradicionales de Buenos Aires. El edificio, que perteneció originalmente a Concepción Unzué de Casares, hija de Saturnino Unzué, es también conocido como Palacio Unzué.
La historia del Jockey Club comenzó de manera muy diferente a la imagen de lujo y sofisticación que posteriormente caracterizaría a la institución. Fue fundado en 1882 por iniciativa del doctor Carlos Pellegrini, junto con un grupo de aficionados a las carreras de caballos que buscaban crear en Buenos Aires una entidad dedicada al desarrollo y organización del turf.
Los orígenes del Jockey Club
La idea comenzó a tomar forma durante un viaje de Pellegrini a Europa. En París, el futuro presidente argentino asistió junto con otros compatriotas al Derby disputado en el hipódromo de Chantilly. El espectáculo y la organización de las carreras francesas despertaron la admiración del grupo y dieron lugar a una conversación que cambiaría la historia del turf argentino.
Durante una cena en un restaurante parisino, los argentinos debatieron la posibilidad de crear en Buenos Aires una institución hípica que pudiera alcanzar un nivel similar al de las grandes entidades europeas. Fue entonces cuando Pellegrini asumió el compromiso de impulsar la creación del Jockey Club de Buenos Aires.
La iniciativa tenía antecedentes locales. Desde 1864 existía el proyecto de establecer un gran parque que incluyera un hipódromo, y la denominada Sociedad Hipódromo Argentino fue uno de los primeros pasos en el desarrollo de la actividad hípica organizada en el país.
Los primeros tiempos del Jockey Club fueron modestos. Sus fundadores llegaron a reunirse en una imprenta para constituir la institución y la primera sede social funcionó en el piso superior de una confitería. En sus comienzos apenas contaba con 19 socios.
El crecimiento, sin embargo, fue vertiginoso. Al cumplirse su primer año de existencia, la institución ya reunía 143 miembros. Ese mismo año, en 1884, se disputó por primera vez el Gran Premio Nacional, una competencia que contó con un premio de 8.000 unidades monetarias aportado por el Gobierno.
El Palacio Unzué
La sede de la avenida Alvear perteneció originalmente a Concepción Unzué de Casares y refleja el refinamiento característico de las grandes residencias porteñas de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
En la planta baja se encuentran amplios salones ornamentados con destacados tapices de Gobelinos y Aubusson, que aportan al conjunto un marcado carácter palaciego.
En el primer piso se encuentra la biblioteca destinada a los socios del Jockey Club, que llegó a reunir alrededor de 62.000 volúmenes, convirtiéndose en uno de los espacios culturales más importantes vinculados a la institución.
Más allá de su relación con las carreras de caballos, el Jockey Club fue concebido como una entidad social y cultural sin fines de lucro. Con el paso del tiempo, sus sedes se convirtieron en lugares de encuentro de sectores destacados de la sociedad porteña y albergaron importantes colecciones artísticas y bibliográficas.
Una sede perdida
La historia del Jockey Club también estuvo marcada por uno de los episodios más dramáticos de la vida política argentina. Su antigua sede de Florida 559 fue incendiada el 15 de abril de 1953, en un contexto de fuerte enfrentamiento político.
El incendio provocó la destrucción del edificio y la pérdida de gran parte de su patrimonio artístico. También desaparecieron numerosas obras de arte y una parte importante de su biblioteca.
Pocos días después, el Jockey Club fue disuelto y sus bienes fueron intervenidos. La institución recuperó su personería jurídica recién en 1957.
El antiguo edificio de la calle Florida permaneció ligado a la historia del club hasta que finalmente fue vendido en abril de 1967.
La historia del Jockey Club atraviesa así más de un siglo de la vida porteña: desde las primeras reuniones de un pequeño grupo de aficionados al turf hasta la construcción de grandes palacios, bibliotecas y colecciones de arte. Sus edificios son testimonio de una época en la que las instituciones sociales, el deporte, la cultura y la arquitectura se entrelazaron para construir una parte significativa de la identidad de Buenos Aires.
En 1981 el espacio social de la Avenida Alvear se vio notoriamente engrandecido con la adquisición de una residencia anexa, con frente sobre la calle Cerrito, que antes había sido de la familia Sánchez Elía. Se integraron ambas casas a través de sus respectivos jardines, se agregaron nuevos y relucientes ambientes y la sede del Jockey Club alcanzó entonces su máxima prestancia. La escultura de Diana de Falguière que, se salvó del incendio de 1953, sigue custodiando las puertas del Club como lo hizo siempre.





