Libertad 581

Años: 1901 (proyecto); 1902 (construcción); 1903 (inauguración).

Autores: Arq. Carlos Morra (proyecto); Juan Arduino (esculturas fachada); Félix R. Rojas y Cia. (construcción)

Ubicada frente al Palacio de Justicia y a pocos metros del Teatro Colón, la Escuela Presidente Roca ocupa un lugar privilegiado dentro del paisaje urbano de Buenos Aires. Su arquitectura, inspirada en los antiguos templos griegos, transmite una idea clara: la escuela como “templo del saber”, un espacio destinado no solo a la enseñanza, sino también a la formación integral de quienes lo habitan.

El proyecto comenzó en 1901 y el edificio fue inaugurado en 1903. Su diseño responde a una época en la que la arquitectura escolar adquirió un papel central dentro de las políticas educativas y en la construcción de la imagen de una Argentina moderna.

Arquitectura y educación

Hacia fines del siglo XIX, el Estado argentino impulsó la construcción de edificios públicos capaces de representar el progreso y la modernización del país. Para ello se recurrió a modelos arquitectónicos europeos, especialmente al neoclasicismo francés y al neorrenacimiento italiano.

Dentro de este contexto surgió el denominado Plan Escolar de 1899, que dio origen a numerosos establecimientos conocidos como escuelas “sarmientistas”. El arquitecto Carlos Morra fue una figura fundamental en el diseño de estos edificios, concebidos con una particular combinación de monumentalidad, funcionalidad y preocupación por las condiciones de enseñanza.

La influencia de Domingo Faustino Sarmiento fue decisiva. Para él, la arquitectura escolar debía acompañar el proceso educativo y contribuir al bienestar de alumnos y docentes. La iluminación, la ventilación, la higiene, los espacios de recreación e incluso los detalles ornamentales eran considerados parte de una educación que debía atender tanto al desarrollo físico como al intelectual y espiritual.

La Escuela Presidente Roca es un claro ejemplo de esta concepción. Su distribución incorpora patios abiertos y cubiertos, jardines y diferentes espacios destinados a las actividades escolares. La ornamentación de sus interiores y cielorrasos aporta además una atmósfera alegre y estimulante, mientras que la organización de los ambientes permite comprender de manera intuitiva la función de cada sector.

Una escuela pensada como monumento

La monumentalidad de estos edificios no era casual. Durante las primeras décadas del siglo XX, las escuelas públicas también funcionaban como una expresión visible de la importancia que el Estado otorgaba a la educación.

En ocasión de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, en 1910, varios edificios escolares argentinos fueron presentados en Europa como ejemplos de arquitectura educativa. La búsqueda de “magnificencia y lujo” pretendía mostrar una nación moderna, progresista y comprometida con la formación de sus ciudadanos.

Las escuelas construidas durante este período conservan, por eso, mucho más que recuerdos de quienes pasaron por sus aulas. Sus fachadas y espacios interiores permiten reconstruir las ideas pedagógicas, sociales y políticas de la época en que fueron proyectadas.

Una fachada inspirada en la Antigüedad

La fachada de la Escuela Presidente Roca refuerza su carácter monumental mediante un lenguaje claramente inspirado en la arquitectura grecorromana.

El acceso principal se encuentra precedido por una escalinata de cinco peldaños. En el sector central se destacan cuatro columnas de granito, con fustes estriados y capiteles de orden jónico. A ambos lados aparecen columnas cuadradas de superficie lisa, ornamentadas con medallones.

Sobre ellas se desarrolla un elaborado friso y, por encima, una repisa en la que se distribuyen seis esculturas de figuras masculinas y femeninas, representadas en diferentes posiciones.

Más arriba se encuentran seis pilastras de fuste liso y capiteles sencillos que sostienen un gran frontón triangular. En su interior, un bajorrelieve lleva la inscripción “ESCUELA PRESIDENTE ROCA”.

El remate del frontón incorpora tres acroteras: una central y dos laterales, decoradas con volutas y un sol radiante. Todo el conjunto se completa con un mástil que corona la construcción.

Detrás de las columnas centrales se encuentra la puerta de acceso al patio escolar. Sobre ella, una cornisa acompaña otra inscripción en latín: “LIBER LIBERAT”, una expresión que puede traducirse como “el libro libera”.

La elección de este lenguaje arquitectónico no es un simple recurso ornamental. Al presentar la escuela con la apariencia de un templo clásico, el edificio convierte simbólicamente al conocimiento y a la educación en valores que merecen un espacio monumental y perdurable.

Hoy, la Escuela Presidente Roca constituye un valioso ejemplo del vínculo entre arquitectura, educación y patrimonio. Sus columnas, esculturas, inscripciones y espacios interiores permiten descubrir cómo una determinada concepción de la enseñanza quedó grabada en piedra y forma parte, todavía, del paisaje histórico de Buenos Aires.

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